21.4.12

Cuando tus dedos levantan su vuelo,
mi latido ralentiza el sabor de mis ojos,
cuando me llueven de tu sal disoluta
y es poste mi cuerpo recluso,
mis venas destapadas destilan tu ausencia.

Y tersa...

Cuando tu piel se viste,
las letras introducidas de mis piernas
arrojan un puñado de cera y cristal,
nave de conquista que parten mis aguas,
verde la sangre que amarga el final.

Y crepitan...

No hay deuda que enlace
el manantial de tu senda opuesta,
luz que a tu camino se imanta
a esta mano de penumbra peregrina,
al sollozo de tu encuentro encayada.

Y humedece...

Me instalo frente a la luz de tu vértice
vigilante del sendero que tu súplica me apela,
la sed con la que reptas
al borde de mis curvas, tu sombra erguida,
donde nunca el minuto apoyado se lastima.

Tu sonido se desdobló de mis entrañas,
única conjugación servida,
unísono al grito ejecutado...