4.5.12

Y la tierra giró entorno al infinito de tu cuerpo, saciando los soles que descienden por tu piel; lamiendo tu espalda como una corriente de sabores, humedecidos por mis labios. Y la sangre se suma al vuelo de tus brazos, para internarse en lo profundo de mi celo. Juntos, como una madreselva de gemidos, que estalla con el viento; ardiendo en el absoluto de las sombras, que regocijan a la tarde. Y la luna se deshiela, en una enagua de espuma; que mi garganta desviste en tu orificio.



Te asomas; detallas la punta de tus dedos, en el redoble de mi vientre; te extiendes como una caracola que recorre mis pezones, bajo una lengua nacarada. Y mis sueños crecen dentro y fuera de tu sombra; agigantando el temblor, que cabalga entre las manos. Me tienes; aprisionas mis pechos, con el aroma de tu aliento; sangras en mí; para derramarte todo. Y el cielo mezcla sus luces, con el infierno que desciende por tu espalda; te instalas; bebes el néctar de mi cuello, que desmaya entre los labios; en los senderos que electrifica tu silencio.


Como un trueno de felicidad, me cruzas en todas direcciones; te hundes; me pierdes; traspasas las fronteras de mis debilidades, para perderte en el naufragio de mi ser; y tu semen bautiza mi rostro, que navega en la perpetuidad de tus espasmos.